Aprender de grandes

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“Las neuronas son las mariposas del alma”.

Santiago Ramón y Cajal

Aunque no seamos especialistas en tecnología, es probable que hayamos oído hablar del término machine learning: una rama de la inteligencia artificial que consigue que las máquinas aprendan a base de datos con los que se alimentan, sin haber sido programas para aprender. Estas máquinas contiene algoritmos que son literales: entienden exactamente lo que se ha programado en ellos y les falta inteligencia para saber lo que no saben. No tienen sentimientos, ni emociones, no poseen creatividad y no son curiosas por naturaleza. Nos enfrentamos a una nueva realidad en donde se supone que las máquinas aprende, pero los adultos ya no lo hacemos. Pero, ¿es eso cierto? ¿Es posible aprender de grandes?

En un entorno que cambia a gran velocidad, conseguir que las personas estemos equipadas con una serie de conocimientos y habilidades necesarias para responder a los cambios, no solo es necesario, sino que es fundamental para conseguir un mundo más equitativo, inclusivo y, por qué no, más sostenible. La educación es y seguirá siendo imprescindible para un crecimiento económico sustentable, y también para que las oportunidades sean de todos y para todos. Y es aquí donde entra en juego el aprendizaje permanente. En una era en la que todo es más frágil, efímero y veloz que hace dos días, ¿seremos capaces de aprender durante toda la vida? ¿Cómo es aprender de grandes? Y lo que es más importante aún, ¿querremos aprender algo nuevo?  

Aprender es una actitud y requiere básicamente tiempo y voluntad.

¿Qué herramientas podemos utilizar para cultivar nuestra actitud de aprendizaje? Aprender no solo nos abre nuevas puertas, sino que nos hace crecer a nivel personal. Entendemos los límites de la vida cotidiana: trabajo, familia, compromisos, hogar. Es difícil encontrar tiempo para estudiar, pero resulta que tenemos la suerte de estar conectados casi todo el día y es por eso que nos resulta muy fácil escuchar un podcast de media hora mientras viajamos, cocinamos o vamos camino a la escuela a recoger a nuestros hijos. Y ahora estarás pensando, ¿pero escuchar un podcast es aprender? Depende de qué estés escuchando: hay muchos podcast de historia, de divulgación científica o de arte. ¿Cuenta como aprendizaje? Si escuchando aprendes algo nuevo, si despierta en ti la curiosidad, si te motiva a seguir investigando: sí, estás aprendiendo. Y eso también es aprendizaje permanente.

Hay muchas formas de aprender. Tal vez hayas oído hablar del concepto de learning by doing: aprender haciendo. A mí esta idea me transporta a los aprendices de antes, aquellos que aprendían un oficio en el taller de un artesano, el cual ejercía de maestro enseñando los secretos de su arte: algo así como el Maestro Jedi. Aprender haciendo es poner en práctica aquello que nos gusta o nos interesa, es encontrar guías y maestros que nos ayuden a mejorar, que amen profundamente lo que hacen y que sean felices compartiendo su conocimiento. Se trata de aprender en el mundo real, es una aplicación práctica y directa de la teoría, que es necesaria pero no es lo único. ¿Te interesa la fotografía? ¿Quieres saber cómo destilar aceites esenciales? Lee, investiga y busca a tu Maestro Jedi. Aprender haciendo también es aprendizaje permanente.

A aprender se empieza preguntando.

De pequeños, aprendimos el mundo que nos rodea preguntando: ¿Cómo crecen los árboles? ¿Por qué el mar es salado? ¿Dónde viven los pájaros? Pero a medida que crecemos nos avergüenza seguir preguntando. ¿Cómo aprenden las máquinas? ¿Qué es la psicología del color? ¿Puedo aprender durante toda la vida? ¿Es cierto que de grandes no aprendemos? 

Tal vez esta falsa creencia se haya alimentado porque, de adultos, llegamos a la formación cuando nos obligan en el trabajo o cuando ya no nos queda más remedio.  Pero vamos a intentar desterrar esa creencia como si fuera una mala hierba. ¿Cuántas horas pasamos al día consumiendo contenido digital en nuestros teléfonos inteligentes y nuestras tablets? Contenido que entretiene pero que también nos distrae. ¿Cómo podemos incorporar en nuestro día a día un hábito de aprendizaje permanente? Podemos usar nuestros teléfonos inteligentes de forma inteligente: existen aplicaciones gratuitas para aprender idiomas, como Duolingo, para meditar como Bambú y podemos acceder a miles de cursos de las mejores universidades del mundo en Coursera, totalmente gratis.

Y también lo de siempre: leyendo un buen libro al mes: novela, ensayo, poesía, arte. Todo vale para expandir nuestro cerebro. Navegar sí, pero con criterio. Conectados sí, pero también para aprender. Chateando sí, pero también con otras personas sobre un tema concreto. Pequeñas acciones que entrenan la plasticidad de nuestro cerebro. Pongamos la tecnología a nuestro favor, porque se puede aprender gratis y desde casa: y eso también es aprendizaje permanente.  

Nos movemos como un péndulo, en un  ir y venir entre lo que es y lo que será: es una realidad que las máquinas harán en un futuro no muy lejano algunos de los trabajos que hacemos ahora, pero también es cierto que el futuro lo construimos entre todas, entre todos: robarle diez minuto al día de consumo digital y regalárselo al aprendizaje simple, a escuchar nuevas ideas en un podcast, a abrir un grupo de meet up para compartir con otras personas conocimiento sobre algo que nos apasiona y sobre aquello que nos gustaría seguir aprendiendo, es parte de esa nueva realidad que construimos como sociedad. Porque aprender es un evento privado pero también es social: aprendemos en el intercambio de ideas, aprendemos cuando tenemos conversaciones que nos sacan de nuestra zona habitual y nos invitan a intercambiar argumentos. Aprendemos si creamos círculos de aprendizaje, si conectamos conocimientos, si creamos redes que funcionen como las mismas redes de neuronas que hay en nuestro cerebro.

Aprende quién quiere, porque poder, podemos todos. Solo tenemos que encontrar caminos alternativos, porque volver a la Universidad no siempre es la mejor ni la única opción.  El coronavirus nos arrebató mucho, pero también abrió la posibilidad de llegar a personas que saben de ciencia, de arte, de filosofía, de habilidades digitales, que quieren compartir y que están ahora más cerca que nunca en una charla en vivo de Instagram, en Zoom o en cualquier meet up virtual.

Aprender mejora nuestra plasticidad neuronal

Hay una idea demasiado extendida según la cuál, de grandes, ya no aprendemos como de niños o incluso de jóvenes. Me permito discrepar con esta afirmación tan arraigada, por dos motivos: el primero es el tiempo que dedicamos de pequeños a aprender, que es mucho, y el segundo es que, si bien es cierto que con los años mueren neuronas, es igual de cierto que cada nuevo conocimiento que adquirimos abre un camino en la red neuronal, y es importante tener neuronas, pero es igual de importante que esas neuronas estén conectadas, porque si una neurona muere pero hay diez más que participan en el circuito que la contenía, es mucho más fácil que se mantenga ese circuito en el que la neurona, ahora desaparecida, participaba. Y la función se mantiene. Entonces, es importante que, a medida que cumplamos años, seamos capaces de construir más y más redes neuronales, y aprender es una forma de construirlas.

La neuroplasticidad, o plasticidad neuronal, tiene algunos mecanismos de los que podemos aprovecharnos: la creación de nuevas conexiones entre neuronas y  el resurgimiento de redes antiguas, que existen pero que habíamos dejado de utilizar, son dos de estos mecanismos. Es importante que sepamos que tenemos maneras de incrementar la neuroplasticidad:

  • Si hacemos las cosas una y otra vez: porque fortalecemos las redes existentes.
  • Si aprendemos cosas nuevas: porque cuando aprendemos nuevos conceptos o movimientos (yoga, baile, deportes), necesitamos hacer uso de nuevas áreas del cerebro, y así creamos nuevas redes de neuronas.

Aprender de grandes es posible y es bueno: para estar preparados frente a los cambios que se avecinan en el entorno laboral, y también para mantenernos vivos.

A aprender se aprende de muchas formas, regladas y no regladas. Cuanto más pongamos de nuestra parte para aprender, mejor estaremos aprendiendo. Un niño puede ir a la escuela y completar fichas todo el día, pero también puede recibir una consigna y buscar la mejor forma de resolverla, investigar, preguntar, comparar, y así aprender. Si cuando pensamos en cómo aprenden nuestros hijos, a menudo pensamos en formas menos tradicionales de enseñanza, ¿por qué no aplicamos ese mismo concepto a nosotros mismos, los adultos? 

Aprender de grandes es posible, no importa la edad que tengamos, no importa lo ocupadas que estamos, el “no puedo” en realidad es “no quiero” o “no sé cómo hacerlo”. Si no quieres, es posible que éste no sea tu momento. Si no sabes cómo hacerlo pero te emociona la idea de aprender de grande, recuerda que a veces necesitamos una mano que nos ayude a dar el primer paso, y que muchas manos unidas pueden crear un gran círculo de aprendizaje.

Aprender de grandes está en nuestras manos, igual que nuestro dispositivo digital.

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