Iñaki Ibargoyen Vergara

Como otras tantas cosas, es de conocimiento común que los jóvenes dominan las nuevas tecnologías pero, ¿Qué hay de verdad en esto?

Es cierto que debido a que tienen exposición a medios tecnológicos desde muy pequeños, muchos saben manejar diversos dispositivos, no tienen miedo a enfrentarse a ellos y/o los usan con frecuencia.

Si atendemos a la definición de postmilenials que engloba a los nacidos entre 1995 y 2010 (aproximadamente, pues no hay consenso sobre las fechas), nos encontraríamos con una generación de adolescentes y jóvenes adultos que en mayor o menor medida han estado expuestos a las nuevas tecnologías y que han hecho un amplio uso de las mismas mientras las veían avanzar.


Pero la exposición no siempre es síntoma de dominio. Pensemos por ejemplo en alguien que estudie en la universidad y viva solo, que cada día se deba hacer la comida. Esto le hará estar expuesto a la tarea de cocinar pero dependerá de esa persona el quedarse con el conocimiento básico, o profundizar y aprender a hacer comidas más elaboradas. Y en este caso, sería una cuestión de necesidad, pero en el uso de un móvil u otro dispositivo, se hace como un entretenimiento o medio de contacto, sin ninguna necesidad de profundizar y, por norma general, sin un adulto de guía, estos tienden a tener un peor conocimiento de los mismos.

Y esta situación nos lleva a un momento en el que por falta de guía se hace uso de unos medios, muchas veces en una capacidad que dista bastante del máximo potencial del dispositivo y en unas condiciones de seguridad que mucho dejan que desear al exponerse a unos peligros que desconocen y para los que incluso no tienen la madurez suficiente.


Tema al cual le dedicaré un paréntesis, pues ya son demasiadas las ocasiones en las que veo a jóvenes haciendo uso de aplicaciones para las cuales no tienen la edad correspondiente. Esta que viene en el términos y condiciones que muchos dan a aceptar sin haber leído. Es responsabilidad del joven y de sus tutores legales vigilar esas cosas y recomiendo encarecidamente hacerlo. Si como responsables de su educación docentes y familias no conseguimos hacerles entender que con 11 años no necesitan un smartphone, al menos un control parental les ayudará mucho.

Ahora nos encontramos ante una generación que no tuvo una amplia exposición a las nuevas tecnologías y que por tanto en su mayoría se educó en un trato distante a las mismas, legislando sobre su uso y debatiendo sobre la prohibición del uso de dispositivos en los centros escolares. Y volvemos al dilema de siempre de prohibir en vez de enseñar. Mucho piden a los docentes que usen nuevas metodologías, pero luego tienden a no dar recursos para ello. Y no digo en los colegios donde ya de por si, yo considero que los alumnos no tienen necesidad alguna de tener un smartphone (¡ojo!, que no un móvil). Pero en la ESO podría ser una herramienta más al aula y que los estudiantes aprendiesen que no solo es una maquinita para hacerse fotos, enviarse mensajes, jugar y que hasta permite llamar, sino que puede ser una puerta al conocimiento en la palma de tu mano. Que si le dan un buen uso, su potencial es enorme.

Y para acabar, y en referencia a la pregunta inicial y respondiendo desde mi punto de vista. Aunque lo parezca a veces, los jóvenes no dominan las nuevas tecnologías, al menos no una gran mayoría, pero las saben usar, que ya es un avance en muchos casos. La clave está en que hay que ayudarles a hacer un mejor uso de ellas y recae en los encargados de su enseñanza y educación el hacerlo. Ya sea explicando nuestro conocimiento, poniendo límites facilitando formación, etc. No les cerremos las puertas al uso, pero promovamos un buen y mejor uso.

“Que algo no haya salido como hayas querido no significa que sea inútil.”, Thomas Edison.

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