EL 14 de marzo de 2020 pasará a la historia de España como el día en que el  presidente del gobierno activaba el estado de alarma por la pandemia del Covid-19. No serán las armas nucleares ni la invasión de ningún país el que nos va a poner el ejército en la calle. Lo hará un diminuto organismo, que mutó para saltar de los animales para infectar a los humanos. Da igual cómo y da igual dónde porque al final, lo tenemos entre nosotros y viene para quedarse.

Soy muy crítico y podría dedicar un artículo a la gestión de esta crisis. Sería fácil, ventajista y muy irresponsable en estos momentos. Ahora no toca. Si el gobierno fuera de otro color político, tampoco lo haría. Ahora toca decirle a la ciudadanía que esto no es una broma. Que esto va de perder las menos vidas posibles, porque se han perdido y se perderán. Esto va de solidaridad con los que van a sufrir el virus, va de conciencia social por los más frágiles que tendrán dificultades para recibir sus cuidados, va de organización ciudadana para no colapsar los supermercados y de cumplir las normas que dictaminen los expertos para que no se propague más el virus. Va de creatividad para trabajar desde casa  con los niños, o de llevar la compra a los más mayores que no deberían salir, o de buscar solución a una escolaridad  que, ojalá me equivoque, dudo se reanude este curso.

Esta crisis marcará un antes y un después en nuestra conciencia social, cambiará la manera de trabajar, y nuestros horarios, probablemente también. Seremos mejores, más solidarios, más empáticos y probablemente sepamos valorar cosas que antes dábamos por sentadas. Valoraremos vivir, cosa que ya hacen en el tercer mundo donde sí están acostumbrados a pasar penurias, a veces algunas de ellas tan fáciles de evitar sólo con ponerse una vacuna que no pueden pagar y que nosotros probablemente sí tendremos, así de duro y de incongruente.  Aquí la cuestión es el precio que vamos a pagar para conseguir todo eso. Y ese peaje depende de cada uno de nosotros.

El principal problema es el colapso del sistema sanitario, tan maltrecho, tan maltratado y tan infra financiado que ya empieza a verse incapaz de absorber las complicaciones que este Coronavirus está causando y justo acaba de empezar. Ni hay camas ni profesionales si se cumplen los números que algunos expertos vaticinan. Se trata de pasar todos por la enfermedad pero de manera más progresiva en el tiempo. Ahí está la cuestión. Nos encaminamos a un escenario desconocido y catastrófico si no se para el número de infectados de manera inmediata.   

Ya está habiendo pérdidas humanas no por el Covid-19, sino como consecuencia del colapso sanitario que el virus está provocando. Lávense las manos a menudo, sigan las recomendaciones de organismos oficiales, y si además pueden ayudar a alguien háganlo. Las penurias unen, me decía mi abuela, y sólo unidos saldremos de esta. De momento, por favor, todos y todas confinados.    

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