Mi hijo ha ido a un debate en la Radio de Barberà y estos días hemos estado hablando de qué es un debate. En su escuela han tratado el tema pero en el día a día no nos ha resultado difícil encontrar ejemplos, estamos, de nuevo, en campaña electoral. Nos hemos acostumbrado a ver a los diferentes políticos hablar en entrevistas, actos electorales, etc. Pero en cambio cuando son las elecciones locales lo que vemos son caras en carteles, más o menos afortunados, y a partir de ahí somos nosotros los que nos creamos una imagen de cada una de esas personas.

De los diez que hay he visto en persona únicamente a la actual alcaldesa. Pero seguro que alguno de vosotros conoce a uno porque es vecino de su comunidad, a otra porque lleva su mascota al mismo veterinario u otro porque coincidís cada mañana comprando el pan. Es otro nivel, por suerte. Porque siempre he creído que la labor de los vecinos y vecinas que se presentan a unas elecciones locales, es digna de admiración. Se exponen a las críticas, y ya sabemos cómo somos, a ser cuestionados, juzgados. Y volverás a ver a ese vecino en tu comunidad, a llevar a tu mascota al veterinario y no dejarás de comprar el pan en el mismo sitio y a la misma hora.

Cada uno de esos candidatos y candidatas lleva unos “colores” asociados. En una campaña nacional estas distinciones son muy claras, en una local no lo es tanto. Puedes tener una idea preconcebida de un candidato porque pertenece a un partido al que tus ideales son totalmente antagónicos. Y ahí entra el dilema. Porque has hablado con él en alguna ocasión y te han parecido bien sus ideas (ya, pero es que es de ese partido…), y además te parece una persona honesta que sabes que tiene ganas e ilusión (ya, pero es que es de ese partido…), y al final decides que quizás lo vayas a votar, porque el voto es secreto y lo que te importa es que trabaje por tu ciudad.

Pero vuelvo a los carteles y a la idea preconcebida de cómo es un candidato, y de que no lo he escuchado hablar jamás pero quizás decida mi voto por el color de su formación. Pero el pasado 13 de mayo tuve la oportunidad de escucharlos en el Debate Electoral que Veus Barbeà organizó. Y ahí es cuando vi a esos vecinos y vecinas con ideas y propuestas sobre su ciudad, y por un momento dejé de ver colores, en algunos casos, y empecé a crearme una opinión propia sobre cada uno, por sus proyectos, su manera de expresarse. Y alguno me sorprendió, otro me decepcionó y al final me di cuenta de que mi voto va a ser para aquel o aquella que me inspirare mayor confianza, porque en el fondo no somos tan diferentes, aunque siempre habrá excepciones.

Al fin y al cabo, somos vecinos.

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