No será la primera ni la última vez que brillantes promesas con un inicio más que labrado arruinan sus halagüeñas carreras por avatares del destino, ese imprevisible compañero de viaje que nunca sabes por dónde te va a salir. Artistas, deportistas, científicos —poco importa la profesión—, que arrojaron por el desagüe del éxito el don con el que nacieron.

Abramos pues la puerta de esta desconcertante sección para dar paso a Katerina Trushkin, uno de los ejemplos más claros de cómo secuestrar al propio talento, torturarlo y asesinarlo para posteriormente hacerlo desaparecer bajo dos metros de tierra en el desierto más alejado.

Katerina Trushkin, más conocida como La Mujer De Seda, fue una excelsa bailarina rusa que durante la década de los 90´s impuso sobre los escenarios de todo el mundo su depurada técnica: una mezcla, extraordinariamente compensada, entre rigor, belleza y perfección. Ya lo dijo en su momento el laureado coreógrafo de la desaparecida URSS, Andréi Korotyshkin: “Katerina tiene un romance con la gravedad.”

Como primera bailarina del Bolshoi, recorrió el globo entero con sus deliciosos arabesques, balancés de vidriosa fragilidad, sus battús casi militares o aquellos cabriolés marca de la casa, en los que parecía que jamás volvería a pisar el suelo. Pero esos días de gloria se esfumaron cual diente de león a merced del viento cuando la prestigiosa compañía rusa realizó su primera gira americana.

El Gran Teatro Nacional De Puerto Rico, ubicado en el epicentro de la capital, San Juan, acogió con vítores y calurosos aplausos las cinco de las seis representaciones programadas para el Bolshoi. La última de ellas jamás vio alzar el telón, pues Alexis Olivencia, el mayor narcotraficante del país, entró en escena en la vida de Katerina desmontando toda la coreografía de El lago de los cisnes, con la que el mejor ballet del mundo se despediría del continente americano.


La magnética personalidad de Olivencia atrapó a la hermosísima Trushkin, que de bailarina pasó a ser una mosca atrapada en la pegajosa tela de araña del delincuente portorriqueño. A partir de ese momento, la primorosa bailarina de San Petersburgo cambió tutús por Kalashnikovs, y su sangre fría, sólo templada por los besos de su amado Alexis Olivencia, la rebautizó como La Novia De La Muerte.

Actualmente se esconde en alguna de las miles de hectáreas de la selva de El Yunque, al noroeste del país, donde supervisa personalmente el entrenamiento de los nuevos integrantes de la fuerza paramilitar del MMH.

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