Iñaki Ibargoyen Vergara

Múltiples estudios demuestran los beneficios de jugar al ajedrez para la mente de quienes lo practican. Pero este fenómeno no ocurre solo con este juego sino que, en mayor o menor medida, también ocurre con multitud de otros juegos de mesa que hacen trabajar la mente con dinámicas, estrategias y que requieren habilidades diversas. Desarrollar estas capacidades, permite a posteriori, poderlas aplicar en un futuro en situaciones de la vida cotidiana.

En los últimos años, el desarrollo de juegos de mesa que van mucho más allá del parchís y el pictionary ha experimentado un auge cuantioso. Son muchos los juegos que combinan multitud de técnicas y dinámicas fomentando el desarrollo de una cantidad amplia de capacidades en quienes lo juegan.

En parte por estas razones ha surgido la dinámica del GBL (aprendizaje basado en juegos) del que hablé en artículos anteriores. En este aspecto hay juegos simples, los cuales, al jugarlos, podemos aprender diversas cosas como la situación más o menos aproximada de países jugando al RISK o los datos curiosos que se descubren jugando al Trivial. Por otro lado estarían los Serious Games, que son aquellos en los que en su diseño, se sacrifica parte de la diversión y jugabilidad intrínseca en los juegos a cambio de introducir contenidos a aprender. Un ejemplo de esto sería el Dragon Box. Entre estas dos opciones hay multitud de juegos con diseños diferentes pero más allá de los contenidos que puedan aportar están las dinámicas. La capacidad para desarrollar estrategias (Small World), cooperar (Pandemic), competir (Colonos de Catán) y saber llevar el resultado de la misma. El fomentar la importancia de leer y hacerlo a conciencia pues un matiz en las reglas nos puede ser significativo para la victoria (Magic the Gathering). También pueden ayudar al cálculo (Pasajeros al tren), la estimación (Carcassone), la imaginación (Dixit), la capacidad de entender a otras personas (Avalon) o de ocultar información de cara a una negociación (Hombre lobo de Castonegro).

Los juegos de mesa son beneficiosos, no solo para jóvenes sino también para adultos. Y sería idílico que pudiesen estar a la disposición de cualquiera que quisiese jugar y probar, como si de un libro se tratase pues también, a su manera, son cultura. En parte por esta razón propuse a Podemos Barberà que entrase una iniciativa para desarrollar una ludoteca en la biblioteca. Que permita a quien quiera solicitar juegos y probarlos o hacerlo frecuentemente para jugar. Ayudando a quien no se puede permitir el gasto a tener acceso a ello. Sería genial que el ayuntamiento aplicase alguna medida similar para potenciar un aprendizaje lúdico y social entre los alumnos. Actualmente se de varios grupos de juego, uno de ellos Chtulhuteca, con periodicidad mensual en el local de Tangram, y abierta a quien quiera.

Y no es solo los beneficios que puedan tener sino que son una actividad muy sana, alegre, entretenida y que en muchos casos promueve la interacción social. Nos permite desconectar de tanta tecnología (con la cual no tengo problema alguno) y pasar un buen rato estimulando nuestro cerebro.

Por otra parte y como propuesta para los colegios, los docentes podrían solicitar prestados juegos para utilizar en clase, consiguiendo así un recurso extra sin que suponga un coste aparte para el centro o para el docente, que en muchas ocasiones dispone de recursos limitados.

“Todos los aprendizajes más importantes de la vida se hacen jugando”, Francesco Tonucci.

IIV_Docente

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