Las agencia de calificación (I): Quiénes son y a quien sirven

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image: www.solvencyiiwire.com
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Jose Bernardo

Se nos han colado en nuestra cotidianidad a través de los oficiales medios de comunicación, como algo “natural”,  nadie quiso presentárnoslas, decirnos, quiénes son, de dónde vienen, a quién sirven, cómo actúan, y cual es el poder y legitimidad, de estas empresas de control financiero transnacional, para-democrático y para-estatal.

QUIÉNES SON

Sus nombres nos suenan; resuenan periódicamente en los informativos: Standar &Poor’s, Moodys , y menos mediática, Fitch. Su tarea de calificar valores financieros, como el valor de la acción de algunas empresas bancos y fondos de inversión, parece ser su original razón de ser, pero su presencia en nuestra casa, es porque se han convertido en la autoridad controladora del valor financiero de la deuda pública de los Estados, nuestra deuda colectiva; el juego con la “prima de riesgo”, tan recurrente.

Lo primero a notar, es que son empresas privadas de actividad financiera, es decir, que tienen unos dueños muy determinados, que invierten capitales en ellas con fines exclusivos de rentabilidad, como cualquier otra empresa capitalista, en busca del máximo beneficio, pero que, por razones que no aparecen nada claras “a priori”, se nos presentan, como autoridades de derecho público de máximo nivel en lo económico; como entidades neutrales que obran por cuenta propia, cual O.N.Gs. sin fin lucrativo. Nada más lejos de la verdad; al final del trayecto, se revelan como unos mecanismos muy eficaces de espolio de nuestra riqueza colectiva y las condiciones de la democracia.

Existen otras agencias autorizadas, pero el proceso de fusión ha dado lugar a estas tres grandes nombradas. La francesa Fimalac, fusionó con Fitch en 1975, con el fin de poder actuar en el mercado estadounidense, y en con ello, en cualquier parte del mundo; y otra canadiense, DBRS, también autorizada por la SEC y entre otras de ámbito de acción más restringido, la Japan Credit Rating Agency, y otra China, que obedece a las características diferenciadas de aquel modelo de capitalismo.

Según uno de los principales estudiosos del tema, el filósofo y periodista alemán Werner Rügemer, avanzado el siglo XXI, el reparto del mercado del arbitraje financiero, sería distribuido, a razón del 43% para Standard & Poor’s, el 37% para Moody’s y el 15 % para Fitch.

Sus sedes principales están en Nueva York y Londres, principales centros financieros mundiales, gozando de una protección estatal privilegiada, tanto del gobierno americano como británico; tanto Wall Street, como la City, tienen prerrogativas de territorio en muchos sentidos franco, para las transaciones financieras, siendo Londres, junto con Holanda, las principales vías de fuga de capitales hacia los paraísos fiscales. (Ver publicación 2017 de “Korpnet” Universidad de Amsterdam. w.w.w corpnet.uva.nl Disponible en inglés)

DE DONDE VIENEN

El origen de estas empresas ahora poderosas, tienen el origen humilde de empresas familiares de asesoría financiera, que comienzan a operar como asesores a la inversión de los pequeños y medianos capitales acumulados durante el desarrollo del capitalismo industrial en los EE.UU. de finales del siglo XIX y primeras décadas del XX. Primero en 1868, aparece de la mano de Henry William Poor, un anuario sobre la evolución de los valores de inversión en las empresas de ferrocarriles; más tarde, en 1906, aparece Standard Statistics Bureau, creada por Luther Lee Blake; y la Moody’s Investor Service, aparece en 1909, fundada por John Moody y finalmente, Fitch Publishing Company, aparece en 1913 de la mano de John Knowles Fitch. Todas ellas durante el primer recorrido se dedicaron a vender revistas y manuales de estudios para la buena inversión en lo ferrocarriles, extendiéndose luego a otros sectores como el del textil o el del acero.

Para hacernos una idea, durante la Iª Guerra Mundial, la más grande de estas empresas, la Standard no superaba los sesenta empleados. En 1941, a los inicios de la IIª Guerra Mundial, se fusionan la Standard Statistics y la Poor’s Publishing, apareciendo Standard&Poor’s

Las primeras funciones estatales les vienen atribuidas por el gobierno de Roosevelt en el marco del New Deal, conjunto de medidas para superar los efectos dramáticos del “crach” de la bolsa neoyorkina de 1929. Se trataba de evitar una nueva quiebra bursátil, y entonces como ahora, fue fácil para el partido demócrata introducir estas empresas como árbitro “parapolítico”, pues gran parte de la población veían a Wall Street, como el enemigo público número uno.

No resisto la tentación de señalar aquí, que, entre los bancos cuya actividad especulativa fue la causa del “Crach de 1929”, estaban nombres que reaparecen en la crisis de 2008: Goldman Sachs, J.P. Morgan, Lehman Brothers, Morgan Stanley… nombres que a todos nos suenan recientes, como los impulsores ingeniosos de los “productos financieros estructurados” que están en el trasfondo del “Crach de 2007-8, y que en aquella ya habían hecho parecidos inventos, a estos creadores de “instrumentos financieros”, han estado ligados destacados ejecutivos de importantes instituciones europeas, como Mario Draghi o nuestro ministro Luis de Guindos…

Resumiremos apuntando que en 1934, y dentro del paquete de reformas del New Deal, con el gobierno de F.D. Roosevelt, se produce la Security and Exchange Act, a la cual se aparejaba una Comisión de Valores y Bolsa, denominada SEC (Security Exchange Commission), que constituye el primer aparato de control bursátil de nuestro mundo moderno capitalista. Es la SEC la que otorga licencias de control paraestatales a estas empresas privadas, una especie de ITVs de las inversiones financieras, o de las ECA, empresas colaboradoras de la administración, con la función de distinguir entre lo que eran inversiones seguras e inversiones especulativas, perniciosas para el sistema, con el fin de evitar su quiebra. El Estado externalizaba sus funciones… aparentemente, ningún riesgo… ???

A QUIEN SIRVEN

Las agencias servían a sus clientes, incluidos los organismos estatales que compraban sus publicaciones y servicios de especialistas asesores financieros. Pero en 1971 Moody’s modificó el sistema de cobro; los pagadores, serían principalmente los emisores de los valores financieros, acciones, obligaciones y derivados, es decir los vendedores, y estos vendedores son principalmente, y de nuevo, los que nos suenan: Goldman Sachs, Morgan Stanley, J.P. Morgan, Merrill Lynch, Lehman Brothers, Bear Stearns, los Estados con sus bonos, las grandes corporaciones empresariales etc… pero son los bancos de inversión, los mayores vendedores, y los especialistas en diseñar productos financieros especulativos estructurados.

Ni que decir tiene, que el resto de las agencias incorporaron enseguida esta productiva nueva modalidad de cobro, la cual fue aprobada por la SEC, en 1975. Era época del gobierno Ford, sucesor de Nixon, tras el fiasco de Wathergate, iniciando con este hecho seguido de otras medidas legales, el proceso de desregulación bursátil, y la liquidación de los elementos keynesianos, (socialdemócratas) que había incorporado el New Deal en la economía liberal no solo americana, y el inicio de una larga etapa caracterizada por el creciente neo-liberalismo o liberalismo salvaje.

En el año 1975, con la celebración entre los EE. UU y sus aliados Inglaterra, Francia y Alemania, de la primera Cumbre Económica Mundial para “activar la economía” (señalar que también es el año del fin de la Guerra del Vietnam y que estamos bajo los efectos de la crisis del petroleo), se inicia la tendencia a la reducción del impuesto sobre la renta a los ricos y a las empresas, y el proceso de presión fiscal a las clases medias, que desde entonces, serán los pagadores de las crisis económicas sucesivas directamente.

El nicho del negocio de las Agencias, reside en el hecho de que las empresas y los Estados, en su proceso de financiación, han de pagar mayores intereses para adquirir préstamos, en función de la calificación, que tales empresas de calificación, hagan de su deuda, y el circulo se cierra, cuando oficialmente, las calificaciones de esas agencias, ahora ya paraestatales, son tomadas como medida estándar de la economía. Rizando el rizo, y sin que se planteen por la SEC posibles conflictos de intereses, sobre los que habría que tomar precauciones, se establece que las empresas han de hacerse calificar, por al menos dos agencias, para poder optar al crédito en el mercado americano, y además, se exime a las mismas agencias de toda responsabilidad consecuente a su actuación, incluso en caso de fraude, (tal como nos informa Frank Partnoy, publicación de 15/04/2009)

A partir de medidos del siglo XX, el movimiento del crédito financiero crece, y se convierte en uno de los elementos esenciales de la economía de la sociedad de consumo. El sistema se globaliza apoyado por la instituciones financieras transnacionales, el FMI (Fondo Monetario Internacional), y el banco central de los bancos centrales, el BPI (Banco de Pagos Internacionales), en los que mandan los que más dinero ponen y que no tienen en su acción ninguna legitimidad democrática. A través de ellos, las agencias de calificación, obtienen funciones de calificación transnacional, lo cual queda consagrado con los Acuerdos de Basilea I y II. *

La propia Unión Europea se somete a la calificación por las empresas americanas desde hace décadas, y desde el 2007, tanto la U.E. como el Banco Central Europeo, han extendido, con toda naturalidad, el sometimiento a los criterios de calificación de estas empresas americanas, a las cuentas de los estados miembros, sin poner en cuestión y controlar, si la labor de estas empresas está sujeta a presiones económicas bastardas, y sin tener en cuenta que fueron altamente corresponsables de la quiebra del 2007 y, por lo tanto, la ineficacia de los acuerdos anteriores de Basilea, De hecho tanto el gobierno de G.W. Bush, como el de B. Obama, se descolgaron estratégicamente de los acuerdos de Basilea.

El sistema de control por estas empresas privadas, se ha ido extendiendo además de los bancos y empresas también a los países, municipios, ciudades y empresas públicas. Según Washinton Post 23/11/2004, prácticamente todos los países ya están sometidos a calificación de las Agencias.

Con la expansión de la prácticas “neoliberales” u “ordoliberales”, las cuentas públicas de los países sometidos a esta presión globalizante, con las sucesivas reducciones de impuestos a los beneficios del capital y las rentas, y las reducciones salariales, aumentos de desempleo y crecientes subvenciones a las economías privadas, sea por vía directa o indirecta, se han visto enormemente expuestas al endeudamiento, y el valor de esta deuda, se tornó en un objeto enorme abierto a la codicia de inversores financieros, de modo que, cuanto más endeudados estén los países y por más tiempo, mayor será la oportunidad para el negocio lucrativo de los especuladores.


* (Establece que los bancos para poder operar en el sistema internacional, tenían que disponer del capital social adecuado, y este hecho, se autorizaba, que tenía que ser avalado por la calificación de las Agencias). Basilea II (1999, gobierno de W.Clinton, con la concurrencia del FMI, la Comisión Europea, junto con las principales multinacionales financieras, refuerza este poder de control, extendiendo el acuerdo de Basilea I a, además de los bancos, a las empresas, aseguradoras, fondos de pensiones y demás agentes financieros. Basilea III. Es un reglamento elaborado tras la crisis, en 2010, por los directivos de los bancos centrales. Se reafirma en los acuerdos anteriores, pero trata de definir más propiamente el concepto de capital social, y reforzar las propias calificaciones internas independientemente de la realizada por las Agencias, cuya atribución de funciones sigue vigente, pero ya parece algo sospechosa, pues de nada sirvieron para prevenir el “chach” 2007-8)

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