Txus Sanz

El pasado lunes tuvo lugar en el Auditorio María Feliu un debate electoral en el que participaron 9 candidatos y candidatas que concurren a las elecciones municipales del próximo 26 de mayo. El debate, organizado por Veus Barberá, fue un éxito de asistencia, llenando el auditorio hasta el punto de que muchas personas lo tuvieron que seguir a pie, en el fondo o en los laterales, pues ya no había butacas en las que sentarse. Hay que felicitar a Veus Barberá por la excelente organización del evento y, particularmente, a la joven periodista Andrea Vicente quien, pese a la dificultad de moderar un debate entre 9 personas, lo hizo de forma magistral, administrando el tiempo de los candidatos y candidatas con la diligencia de un relojero suizo.

El debate sirvió, a mi parecer, para despejar algunas de las incógnitas que se han planteado en los primeros días de campaña y para conocer con más detalle las propuestas y las aptitudes comunicacionales de los y las candidatas. En verdad, lo que a uno le queda tras un debate electoral son siempre más las formas que el contenido, más el talante de los participantes que sus mensajes, más el “cómo” que el “qué”. Así, uno suele salir de un debate sin recordar apenas alguna de las propuestas que se han lanzado, pero con una determinada impresión de cada uno de los candidatos. Lo que importa, desde el punto de visto estratégico, es la impresión que uno quiere dejar en sus posibles votantes.

Claro que esto aplicaría para un debate que se dirige a personas relativamente indecisas y, observando el tipo de público que asistió, me atrevería a estimar que la mayoría eran personas vinculadas directa o indirectamente a las diferentes candidaturas en contienda. ¡Es una feliz noticia que haya tantas personas interesadas por la política local! Otra cosa es saber si hubo muchos ciudadanos que siguieron el debate en directo mediante la transmisión que hizo Radio Barberá, cosa que desconozco.

Por tanto, considerando que el auditorio era relativamente “cautivo”, mi percepción es que la mayoría de los candidatos y candidatas no escogieron la estrategia más adecuada para sus respectivos intereses.

Para los que lean estas líneas y no asistieron a debate quizás no sepan a qué me estoy refiriendo, pero aprovecho para contarles que, dada la cantidad de participantes y lo escaso del tiempo, la mayoría de ellos optaron por explicar atropelladamente las propuestas de su programa electoral, sin apenas reparar que en muchas de ellas coincidían con sus oponentes, y sin tener en cuenta que la mayoría de las personas no somos capaces de retener tanta información ni que casi la totalidad de asistentes al debate no iban a cambiar su intención de voto por lo que aparezca en sus programas. De esa forma, más que un debate, a lo que asistimos fue a una yuxtaposición de monólogos, y una suma de monólogos no es un debate. Algunos, incluso, prácticamente leyeron todas sus intervenciones, con lo que difícilmente se iban a mover del guion prescrito. En pocas ocasiones el encuentro dio pie a un intercambio de opiniones entre los candidatos y, por lo general, a todos se les vio nerviosos y excesivamente rígidos.

Desde un punto de vista estratégico, dado que lo que uno diga no va a influir mucho en ese tipo de audiencia “cautiva”, es más razonable plantearse objetivos “casa adentro”, es decir, que sirvan para movilizar más intensamente durante la campaña a las personas ya cercanas que para atraer a nuevas voluntades hacia una propuesta particular. De esa forma, habrá ganado el debate la persona que haya conseguido insuflar motivación al conjunto de su candidatura, ante una campaña que será larga y por la que se peleará cada voto, dada la incertidumbre a priori de los resultados.

Creo que los que mejor aplicaron esta idea, y los que parecería que prepararon un abordaje más estratégico del debate, visto lo visto, fueron los candidatos del PP y de PODEMOS.

El candidato del PP, Jaime Fernández, destacó por su lenguaje directo y desenfadado, en el límite del respeto que se deben los diferentes candidatos (aunque en algunas ocasiones lo transgredió), y en un tono relativamente jocoso, cosa que hizo levantar algunas exclamaciones por parte del auditorio, o bien por lo exagerado de sus propuestas o bien por lo contundente de sus ataques. Desconozco si ese es el comportamiento habitual del candidato, pero tiendo a pensar que estaba premeditadamente sobreactuado, obedeciendo a una clara estrategia de atraer hacia sí a posibles votantes de VOX, con quien se juega la posibilidad de superar la barrera del 5% de votos que es un requisito para optar a conseguir representación en el consistorio municipal. En esa línea cabría ubicar propuestas de marcado tono simbólico como la de poner una bandera de España en las entradas y salidas de la ciudad, dignificar la Plaza de España, o cambiar el fondo editorial de la biblioteca municipal, cambiando títulos en catalán por títulos en castellano. Además, de forma provocadora, dijo que “queremos que Barberá sea una ciudad en la que se pueda vivir aunque no seas feminista” o que la suya sería una administración “anti-okupa”, en clara mención al candidato de PODEMOS. Un discurso extremista, casi más cercano al de VOX que al del PP, que tradicionalmente se ha expresado en un tono más moderado. De paso, el candidato del PP aprovechó para atraer también a posibles electores de C’s, ante el relativamente bajo perfil de su candidato, a quien hay que valorar la valentía por presentarse a las elecciones, pero que tiene poca experiencia en el ámbito de la política municipal y que, además, se mostró titubeante en el debate, apoyando propuestas, como la remunicipalización de servicios o la construcción de vivienda pública, que a priori no encajarían en el ideario liberal de su partido. A C’s, que es la primera vez que se presenta a las elecciones municipales, le interesa sobre todo alimentar al electorado que, sin tener gran conocimiento de la política local, vota en clave nacional, como si su candidato siguiese siendo Albert Ribera. En ese sentido, con poco esfuerzo, y con una campaña que apele al recuerdo de voto en las elecciones generales del mes pasado, pueden conseguir una importante representación en el consistorio municipal. Su estrategia pasaría por evitar fuga de votos en las fronteras “naturales” con el PP y el PSC y, si fuesen más agresivos, apuntar hacia cierto perfil de votantes que hasta ahora ha apoyado a la PCPB. Vale recordar que en las anteriores municipales, C’s tuvo que retirar su candidatura, por lo que los partidos que entonces se pudieron beneficiar, ahora temen perder esos votos.

La estrategia de la actual alcaldesa y candidata por la Plataforma Ciutadana per Barberà (PCPB) en el debate, Silvia Fuster, no me pareció la más adecuada para sus intereses. Yo hubiera imaginado que su objetivo sería apegarse y enfatizar los logros de su gestión al frente del gobierno municipal, que es su principal activo para presentarse ante la ciudadanía (y más aún cuando su lema de campaña –“la nostra alcaldessa”- apunta justamente a eso), pero en cambio mi impresión es que optó por dedicar excesivo tiempo a defender las propuestas de su programa, poniéndose de ese modo en un plano discursivo similar al de los candidatos que aspiran a conseguir la alcaldía. A ella le bastaba con apelar a los hechos y no a las palabras, así como a su capacidad de lograr un gobierno de coalición, mostrándose como una persona dialogante, cosa que también es un activo ante un escenario en el que probablemente se requieran nuevos pactos de gobierno tras el 26M. Luego, también esperaba que marcara mayor distancia con el candidato del PSC, que es su “rival natural” o quien estaría en mejores condiciones “a priori” de ser el partido más votado. Y para ello, me sorprendió que ni ella ni ningún otro candidato durante el debate, se refiriera a la investigación que se está haciendo a la anterior alcaldesa socialista por supuestas irregularidades en relación con el pago a proveedores de la radio municipal. En verdad me pareció bien que no se mencionara algo que aún no se ha resuelto -y eso denota sensibilidad por parte de los candidatos y candidatas de los diferentes partidos-, pero me sorprendió que nadie se refiriera al caso, ni siquiera por el hecho de que el PSC tuvo que escoger a un nuevo alcaldable a pocas semanas de iniciarse el proceso electoral.

Si bien creo que la candidata de la PCPB perdió una oportunidad de “sacar pecho” por su gestión, dio la impresión de que esta fue aprovechada de mejor forma por sus socios de gobierno, tanto por PODEMOS como por la EAB-CUP. El candidato de PODEMOS, David Clará, fue enfático en ello y solicitó abiertamente a la ciudadanía mayor confianza para poder aplicar con más intensidad su programa. Nunca había oído con anterioridad al candidato de PODEMOS (ni a ningún otro de los participantes en el debate, dicho sea de paso), pero me pareció que este se expresó con bastante claridad y que salió airoso de las críticas que se hicieron a su gestión. Una de las incógnitas que se resolverá el 26M es qué apoyo electoral tendrá esta formación en el municipio, pues es la primera vez que se presenta en solitario. En las pasadas elecciones lo hizo como parte de la candidatura “Junts per Barberá”, en la que también participaron la EAB-CUP y Procés Constituent. En ese sentido, el argumento aplica también para la EAB-CUP, quienes van a poder medir su apoyo en solitario, en un contexto de crecimiento de ERC, con quienes comparten cierto perfil de votantes. Su candidata, Mireia Sànchez, se mostró durante el debate como “escudera” de la alcaldesa, tanto por la posición, a su lado, como por el hecho de que frecuentemente conversaba con ella. En sus intervenciones, la candidata de la EAB destacó los dos ejes principales de su programa, feminismo y sostenibilidad y le dio también importancia al eje de participación ciudadana, recordando la aprobación de un nuevo reglamento para regularla, así como un nuevo plan de acción municipal.

ERC, por su parte, aspira a aglutinar todo el voto independentista, por el que compite directamente con JxC y con la EAB-CUP. Sin embargo, no hubo muchas menciones durante el debate a la cuestión nacional, centrándose casi todos los candidatos en el ámbito estrictamente local. Eso, sin valoraciones políticas de por medio, generó la sensación de un cierto “mercado de propuestas”, muchas de ellas similares, que no permitía a los candidatos expresar con claridad sus diferencias, que son más de corte político y metodológico, y que no se visibilizaron con claridad durante el conjunto del debate. Un observador externo podría llegar a extrañarse de que haya 9 candidaturas y que entre ellas haya tanto consenso sobre los ejes, las necesidades y las prioridades de gobierno en Barberá. ¿Por qué, entonces, se presentan por separado? ¿Qué es lo que realmente los diferencia? ¿De qué forma se expresan en acciones cotidianas estas diferencias? Un buen ejercicio al respecto hubiese sido preguntarles, si solo pudiesen hacer una, qué propuesta de su programa sería la prioritaria o con la que más se identificarían políticamente. Eso tal vez hubiese servido, como se dice coloquialmente, para separar el grano de la paja.

Volviendo a ERC, pero siguiendo con el tema de las prioridades, no dejó de sorprenderme que, en su primera intervención, el candidato Pere Pubill iniciase su participación proponiendo la creación de una regidoría de Derechos de los Animales (¿lo escuché bien?). No critico la idoneidad de esa propuesta, pero ¿es eso lo más importante en su programa? Me dejó confuso. Luego, introdujo conceptos interesantes, como el de la “economía circular” y apostó por la posibilidad de consultar directamente a la ciudadanía los temas clave para la ciudad, en alusión no velada a la reivindicación que hace Esquerra del referéndum de autodeterminación en Cataluña. En su alegato final, defendió la importancia de su equipo y el hecho de conformar una lista que “es un espejo de la ciudad”. En su caso, creo que podrían haber aprovechado mejor su decisión de salir del gobierno municipal en mitad de la legislatura, como expresión de fortaleza y coherencia, y haber evitado cierta autocomplacencia al afirmar que, de ser necesario, ellos solo pactarían con quienes asumieran su programa; una posición difícil de mantener en una eventual negociación de investidura.

Muchos teníamos curiosidad por saber cómo plantearía el PSC su participación en el debate y cuál sería el tono en las intervenciones de su candidato, Xavier Garcès. Al parecer, optaron por ofrecer una imagen de moderación, de experiencia de gobierno y de pragmatismo. En ese sentido, Garcés se defendió de las críticas al endeudamiento que se había producido durante el periodo de gobierno socialista (mediante un argumento que -todo hay que decirlo-, no acabé de entender) y advirtió al resto de candidatos de lo inadecuado de proponer acciones que difícilmente se podrían financiar. Se mostró como un alcaldable con experiencia de gestión y conocimiento de la dinámica histórica de la ciudad. A pesar del “tirón electoral” que supuso para el PSC el resultado de las elecciones generales de abril, el candidato no hizo ninguna mención a las mismas, ni siquiera nombró a Pedro Sánchez. Eso me sorprendió. En realidad, nadie, salvo la candidata de Barberà en Comú, nombró a los líderes de sus respectivos partidos, como si ello no ayudara a generar referentes sobre los que anclar el voto (cosa que es particularmente relevante en las candidaturas que no disponen de una base local consolidada, que se presentan por primera vez o que han cambiado las siglas respecto a las anteriores elecciones). Apenas Rosa Cabeza, en el cierre de sus intervenciones, mencionó a Ada Colau, atrayendo para sí el capital político de la alcaldesa de Barcelona, y reivindicando que, pese a lo nuevo de la candidatura, ellos representan un movimiento político en la ciudad de largo aliento. Esa creo que fue la intervención más estratégica de la candidata quien, por otra parte, leyó casi todas sus alocuciones.

La lectura fue un recurso común en muchos de los candidatos y candidatas durante el debate, pero eso, que puede ayudar cuando hay inexperiencia y nerviosismo, se puede acabar interpretando por la audiencia como una señal de inseguridad. En general, los vi a la mayoría demasiado apegados a sus papeles, sin espontaneidad, todo demasiado medido y calculado, sin darse cuenta, como decía al inicio, que a la gente le llega más el “cómo” que el “qué”. De hecho, muchos ni siquiera saludaron a la audiencia en sus primeras intervenciones o agradecieron a los organizadores por la invitación al evento, por nerviosismo o simplemente porque no lo debían llevar escrito. La excepción la puso el candidato del PP quien, justo porque vio lo que estaba pasando, dijo en su minuto final: “no tenía nada escrito, pero me lo he pasado muy bien”.

Finalmente, una breve mención a Nuria Ramón, la candidata con el difícil reto de recuperar para su partido (ex CiU) la representación en el consistorio municipal, en un contexto en el que parece que parte de sus votantes históricos han migrado hacia otros partidos. Se le vio relativamente cómoda, ya que me consta que tiene experiencia en este tipo de eventos, pero me parece que no consiguió mostrar qué es lo que les diferencia con otras candidaturas y se acabó diluyendo en la dinámica general.

Muchas veces los observadores políticos hablan de la importancia de, en un debate o en una campaña electoral, saber llevar la iniciativa, haciendo que el resto se mueva en el espacio o respecto a la propuesta que un determinado candidato lanza. Si me preguntan quién marca la pauta en la campaña en Barberá, aún no sabría qué responder. Todo sigue muy abierto. El debate electoral sirvió para resolver algunas dudas pero, en general, me resultó aburrido y demasiado apegado a ver quién conseguía lanzar más cantidad de propuestas en el mínimo tiempo posible. Me faltó una lectura un poco más estratégica por parte de los y las alcaldables. Tampoco vi que los candidatos y candidatas se refirieran en ningún momento a sus lemas de campaña (los que aparecen en los carteles electorales, a los que ya me referí en un artículo anterior), perdiendo una oportunidad, a mi entender, de generar coherencia comunicativa en sus mensajes a la ciudadanía.

Por último, y no por ello menos importante, vaya mi agradecimiento a las personas que brindaron el servicio de interpretación en lenguaje de señas durante el debate. Una excelente iniciativa. ¡Felicitaciones por ello!

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